Cáceres te sabe transportar a otra época, a otros hechos, a otras vidas... Pasear por la Ciudad Monumental de noche o bajo la lluvia puede llevar especialmente a la evocación, al romanticismo y, sobretodo, al disfrute de miles de sensaciones.
La Cáceres moderna, a su vez, permite acompañarlas de actividades culturales y de ocio, además de unos servicios turísticos de alta calidad que hacen de la visita a Cáceres una experiencia memorable. La topografía condiciona el desarrollo urbanístico de Cáceres, por encontrarse ésta elevada en un terreno desigual, entre la Sierra de la Mosca y la Sierrilla, sobre un suelo de cuarcitas endurecidas y abundancia de granitos. Este terreno proporciona abundante material constructivo que los romanos utilizaron para levantar la muralla rectangular de 68.000 metros cuadrados y, siglos después, los nobles cacereños emplearon para edificar sus mansiones, empleando fundamentalmente el granito, la pizarra y la cuarcita, ésta última desempeñó un papel muy importante porque permite la filtración del agua y ello facilitó la construcción de pozos y cisternas en los edificios.
 Debemos remontarnos a la Prehistoria para encontrar los primeros asentamientos humanos en la ciudad, como confirman las pinturas y los restos de cultura material aparecidos en la Cueva de Maltravieso, con numerosas pinturas que datan del Paleolítico Superior, descubiertas por D. Carlos Callejo en 1951. Aún continúan los trabajos de investigación en la cavidad. Actualmente hay un Centro de Interpretación que explica mediante audiovisuales, paneles informativos y una pequeña réplica de la cueva la historia de la misma. Se han descubierto restos de la Edad de los Metales en la Cueva del Conejar.
Cáceres entra en la Historia con la llegada de los romanos, una vez que el Cónsul Lucio Cornelio Balbo funda la Colonia Norbensis Caesarina, en el año 25 antes de Cristo. No obstante, cuarenta y nueve años antes se había establecido cerca de Cáceres el Campamento Castra Caecilia, conocido como “Cáceres el Viejo”. De esta época se conservan en Cáceres fragmentos de muralla ubicados en la base de la misma, la puerta oriental de la muralla llamada “Arco del Cristo”, inscripciones y esculturas.

La etapa visigoda es más oscura en la ciudad como demuestra la casi inexistencia de restos y datos sobre la llegada de este pueblo, tan sólo sabemos que nuestra ciudad fue tomada por Leovigildo en el siglo VI. Algún investigador ha mencionado que en la construcción del aljibe almohade se emplearon algunas columnas visigodas reaprovechadas.
Con la llegada de los almohades Cáceres vuelve a florecer, sobre todo su muralla, derruida con las invasiones bárbaras. Sobre el antiguo trazado romano, los almohades levantan con adobe la muralla cacereña, aún en pie por algunas zonas, nuevas torres como la Redonda, unida al palacio de Carvajal y el aljibe del antiguo Alcázar árabe que hoy forma parte de la Casa de las Veletas, rehabilitada en el siglo XX para convertirse en un Museo que acoge restos arqueológicos de la provincia así como una muestra etnográfica.
Alfonso IX reconquistó la ciudad en 1229, repoblada posteriormente con gente venida de Galicia, Asturias y León que se harían con el poder de la tierra y sus riquezas les permitirían construir las mansiones nobles, de carácter defensivo que, poco a poco, fueron modificándose hasta transformarse en los hermosos palacios que hoy contemplamos, donde conviven antiguos elementos medievales con los renacentistas, barrocos y neoclásicos. Cáceres sería una villa libre de realengo hasta que en 1882 Alfonso XII la erige en ciudad. La Villa intramuros, caracterizada por poseer los edificios más antiguos (siglos XIV, XV y retoques en el XVI), se desarrolla en torno a dos colaciones: la que surge en torno a la parroquia de Santa María y su plaza, centro de la vida económica durante la Edad Media. Aquí los edificios pierden su aspecto defensivo para convertirse en mansiones con un aire más palacial, con la excepción del palacio de los Golfines de Abajo, que mantiene su torre, aunque reformada y del palacio de Mayoralgo, con un toque macizo y poco aperturista, recientemente rehabilitado para convertirse en Sede de Caja Extremadura.
Tras un acusado ascenso del terreno, llegamos a la segunda colación, la de San Mateo, en el punto más elevado de la ciudad, donde estuvo ubicado el antiguo Alcázar, con edificios que mantienen un aspecto más defensivo, como ocurre con el palacio del Capitán Diego de Cáceres Ovando, personaje importante en Cáceres y favorito de los Reyes Católicos, quienes le concedieron el privilegio de construir la Torre – de las Cigüeñas- en su palacio, en contra de lo que dictaba la Cédula ordenada por los propios monarcas en 1477 que prohibía a los nobles elevar torres por encima de la altura de los tejados y obligaba a demoler las existentes, como castigo a todos los que se opusieron a ellos y utilizaban las torres para arrojar a los partidarios de los monarcas aquello que tenían a mano.
Otros edificios y casas nobles pertenecientes a esta colación son: el palacio de los Golfines de Arriba, el palacio y torre de los Sande, el palacio de Sancho Sánchez de Ulloa y el de su hijo Lorenzo de Ulloa, la Casa de los Solís, etc.
Entre ambas parroquias se desarrolla un trazado urbano caracterizado por las calles sinuosas, estrechas, irregulares y generalmente con una fuerte pendiente donde se erigen los diferentes palacios y casas nobles. Además, en el flanco oriental de la muralla, se encuentra la judería que tras la expulsión, en 1492, pasó a denominarse Barrio de San Antonio.
Debido a la masificación del recinto amurallado, se produce una expansión de la villa fuera de las murallas. A partir del siglo XIV nace una nueva colación, la de Santiago, alrededor de la parroquia del mismo nombre y se configura un barrio que enlazará con la muralla. En esta colación encontramos diferentes construcciones solariegas: palacio del duque de Abrantes, palacio de Roco Godoy y, una construcción pública: el Hospital de la Piedad, posteriormente convertido en el palacio de la Real Audiencia de Extremadura.
La ciudad también continuará su crecimiento desde el Postigo de Santa Ana hasta la Puerta de Mérida, abarcando las calles del Postigo, Gallegos, etc., y este motivo propiciará la creación de la iglesia de San Juan de los Ovejeros, a finales del siglo XIV, la cuarta y última colación de la Villa.
El mayor crecimiento y expansión de la ciudad, junto con la creación de estas colaciones, provoca que la plazuela de Santa María pierda interés como centro de la vida comercial y aparezca en escena, a partir del siglo XV, un nuevo espacio, más amplio y abierto, la Plaza Mayor, un gran rectángulo, algo irregular y con una suave pendiente, rodeada por casas cuyas plantas principales descansan sobre pórticos cubiertos con bóvedas de aristas donde se ubicaban los diferentes gremios y profesionales de Cáceres así como las Casas Consistoriales. La Plaza era el lugar perfecto para celebrar las ferias, el mercado, las procesiones, etc.
Desde entonces, la Puerta Nueva – a partir del siglo XVIII, Arco de la Estrella- fue el punto de unión entre el recinto intramuros y la ciudad extramuros, convirtiéndose en la puerta principal de la muralla.
En el siglo XVIII y XIX se producen importantes reformas en algunos edificios privados de la ciudad continuando en el XIX, el crecimiento de Cáceres por un nuevo ensanche, desde la iglesia de San Juan hasta el futuro Paseo de Cánovas.

Cáceres fue declarada Monumento Nacional en 1949, Tercer Conjunto Monumental de Europa y Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986. En la actualidad es candidata a la obtención de la Capitalidad Europea de la Cultura en 2016.
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